Ouro Preto

Publié le par Nathan Jaccard

Pequena ciudad fundada en 1711 cuando unos Bandeirantes (aventureros locales) descubrieron en un encajonado valle pepas de oro recubierto de una fina capa mineral negra: Ouro Preto.

 

Vila Rica de Ouro Preto, que se levanta sobre tres empinadas colinas, vivio una frenetica fiebre dorada durante mas de un siglo: derroche de iglesias barrocas, elegantes palacetes senorales que ocupan enormes cuadras y sobre todo, miles de esclavos africanos que venian a morir al fondo de las minas.

Igreja SF de Paula

Localidad mas grande del Brasil portugues, Ouro Preto vio su poblacion derretirse cuando la tierra dejo de escupir oro, por lo que sus 50 000 habitantes estan a sus anchas en antiguas casitas de techo rosado. La ciudad se manitene preservada, no hubo necesidad de construir grandes edificios o centros comerciales traquetos, cicatrices de concreto inevitables en tantos lugares. Las vieja meca mineral transmite sinembargo un vitalidad palpitante con su universidad federal y sus bulliciosos estudiantes, organizados en ‘Republicas’, lo que los obliga a deambular con extranos peinados y coloridos atuendos.

 

Es un placer subir y bajar por las calles de piedra gris, como en una montana rusa colonial, sobretodo en esta epoca del ano, cuando pajaros y flores visten sus mejores atuendos para festejar la primavera. El sol lame con ternura las innumerables iglesias de la ciudad, la gran mayoria cuna del  unico estilo barroco brasilero. Aleijadinho, hijo de un arquitecto portugues y una esclava, es la mente brillante que se esconde detras de muchos retablos, pinturas y esculturas religiosos. La fineza de su cincel, la honda expresion de sus Cristos le dan un brillo unico al arte sagrado local.

Igreja NS do Carmo

En Ouro Preto se puede visitar la ahora esteril mina de Chico Rei, un monarca africano que habria comprado su libertad y la de su tribu con la enorme cantidad de metal precioso que encontro en las entranas de la tierra. Hoy en dia el turista, casco protector y linterna incluidos en la boleta, se acurruca por oscuros laberintos sin vida,  a una decena de metros de la superficie, imaginandose la imposible tarea del esclavo rompiendo rocas.

En la mina

 

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